Calle Catedral, hora de almuerzo. Las veredas se inundan de gente, apresurados transeúntes masticando su día a día y destacándose entre ellos un gran número de inmigrantes peruanos. El olor a fritanga y el canto de dos niños que piden limosna dan la bienvenida a esa marea humana que trata inútilmente de ver unos centímetros [...] Sigue leyendo.