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Estamos trabajando para usted, de verdad... no se asuste..

Santiago Violento

Idiotasingracia Shilensis Dominga Mendieta
22-Mar-2008

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Sentada una vez más mirando el interminable taco de todos los días, comienzo a contar hasta 10 para no explotar de desesperación. No es que no tenga paciencia, la verdad eso es lo de menos. Aguantar la lentitud de los santiaguinos mientras pienso en las ochocientas cosas que tengo que hacer no es lo que me pone nerviosa, ni tampoco el calor. Lo que me termina por agotar son las malditas bocinas.

Estoy absolutamente segura que el 90% de los chilenos no tienen la más remota idea para que sirve una bocina. ¿Para apurar a la señora del frente que se está pintando con el espejo retrovisor? ¿Para recordarle al señor que pusieron la verde y tiene que avanzar?

¡NO!

La bocina es para alertar peligro. Cuando un auto se te tira encima, cuando no te ven o cuando vienen en contra. Usarla todo el santo día hace que su función sea irrealizable. Estamos tan acostumbrados a escucharla todo el maldito día que, cuando es en serio, es como Pedrito y el Lobo, todos creen que es para apurarse.

Es un símbolo de agresividad increíble, porque nunca es la pura bocina. La bocina, más los gritos y los insultos, terminan siendo un río de violencia que se desencadena simplemente por un apuro. Todos estamos cansados al final del día, todos queremos llegar a tirarnos a la cama y dormir. Todos tienen otras cosas que hacer, y todos, de una u otra manera, siempre estamos atrasados. Pero nos olvidamos de todo eso y bocineamos, y bocineamos y bocineamos.

La mejor muestra de este espectáculo de impaciencia la vi el otro día mientras iba en uno de estos tacos. Mientras aguantaba los bocinazos de una mujer del lado que se impacientaba con el señor del frente que manejaba relativamente lento, presencié la experiencia más violenta y bizarra que toda mi historia de odio contra las bocinas haya conocido.

Cuando llevaba como 1 minuto bocineando sin parar y yo contando hasta 100 porque el 10 no me había bastado, aceleró un poco más y le pegó dos topones al auto del frente. Un rato después siguió bocinando, y cuando al parecer llegó a la conclusión de que no aceleraría, lo adelantó (que es lo que debería haber hecho horas antes en vez de alegar), se cruzó por en frente al más puro estilo de película norteamericana, arrinconando así al auto, se bajó del suyo, abrió la puerta del otro y lo empujó mientras le gritaba cosas que no logré entender, pero que por el tono se entendió que no era un “por favor” precisamente.

Me quedé tan asombrada que no fui capaz de hacer nada. Un rato después me fijé que el señor al cual habían empujado y gritado era claramente mayor y habría tenido de todas maneras más de 80 años. Con esto, mi asombro llegó a su peak y llegué a la casa desilusionada, desencantada, asqueada…

¿Cómo sentirme orgullosa de este Chile que mostramos al mundo?

Participación Ciudadana

Daniel 22-Mar-2008, 13:07 #

De verdad que cada día parece que la gente está más violenta en nuestra capital, y en otras ciudades de Chile. A todos les tendremos que comprar Armonyl?.
Saludos

Nicolás Camino 22-Mar-2008, 22:56 #

Lo prometido es deuda. Aca estoy desafiando las barreras del Fuhrer.Mi comenatrio: Muy cierto lo dicho..nada peor que esos bocinazos de gente desesperada que no entiende para que es la vocina. Y que tampoco entiende que no solo escucha el auto de enfrente sino nosotros, los olvidados peatones. Espero seguir leyendo de tu obra Catalina, estamos al habla..

Amiguismo
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